Cómo limpiar el filtro de la campana extractora (y cada cuánto hacerlo) sin estropearlo
Cómo limpiar el filtro de la campana extractora paso a paso sin rayar ni oscurecer el aluminio, cada cuánto hacerlo según lo que cocinas y qué revisar si sigue sin aspirar.

Cada cuánto hay que limpiarlos: lo marca lo que cocinas, no el calendario
Muchos fabricantes indican en el manual una limpieza aproximadamente mensual de los filtros metálicos, y es una buena referencia para una cocina donde se guisa todos los días. Pero la grasa no entiende de fechas: si fríes un par de veces por semana y haces plancha casi a diario, toca cada dos o tres semanas. Si en tu cocina se hierve pasta, se calienta algo y poco más, puedes estirarlo a dos o tres meses sin problema.
Pasa exactamente lo mismo que con cada cuánto conviene lavar los filtros del aire acondicionado: el ritmo lo pone el uso real. Algunas campanas llevan un piloto de saturación. Hazle caso, pero recuerda que cuenta horas de funcionamiento, no grasa: tras una fritura grande el filtro puede pedir lavado aunque la lucecita siga apagada.
La prueba que yo uso es más simple. Saca el filtro y míralo a contraluz. Si apenas pasa la luz a través de la malla, o al tocarlo se te quedan los dedos pegajosos, toca lavarlo. Y si ves gotitas de grasa cayendo sobre la placa, ya vas tarde.
Antes de nada, mira qué filtros tiene tu campana
Todas las campanas llevan filtros metálicos, los antigrasa, que son los que ves por debajo al agacharte. Hay dos tipos habituales: los de malla de aluminio, ligeros, de color gris mate y con varias capas de rejilla superpuestas, y los de acero inoxidable, más pesados y brillantes, muchas veces con forma de lamas inclinadas. Los dos se lavan, pero no se tratan igual.

El delicado es el aluminio. Con productos agresivos se oscurece, se mancha de blanco o se pica, y si lo frotas con fuerza la malla se deforma y deja de filtrar bien. El acero inoxidable aguanta bastante más, aunque también se raya con un estropajo metálico.
Luego está el filtro de carbón activo, que solo llevan las campanas que funcionan en recirculación (las que no tienen salida de humos al exterior y devuelven el aire a la cocina). Va detrás de los metálicos y retiene olores, no grasa. En la mayoría de los modelos no se lava: se cambia cada pocos meses, según lo que indique el fabricante. Hay versiones regenerables, pero solo se lavan si el manual lo dice.
Cómo limpiar los filtros metálicos paso a paso, sin estropearlos
No necesitas productos especiales. Con agua muy caliente, lavavajillas a mano (el de fregar platos, que ya es desengrasante), un par de cucharadas de bicarbonato, un cepillo de cerdas suaves y unos guantes tienes de sobra. Si el filtro no cabe en el fregadero, la bandeja grande del horno sirve de barreño.
- Apaga la campana y la luz. Si acabas de cocinar, espera a que los filtros se enfríen.
- Sácalos tirando del pestillo o la pestaña que tienen en un lateral. Sujétalos con la otra mano, porque se sueltan de golpe y a veces gotean grasa.
- Tapa el desagüe y llena el fregadero con el agua más caliente que dé el grifo. Añade un buen chorro de lavavajillas y el bicarbonato, remueve y sumerge los filtros por completo.
- Déjalos en remojo de quince a treinta minutos. El agua se pondrá de color ámbar: es la grasa ablandándose.
- Pasa el cepillo con suavidad, siguiendo la dirección de la malla, por las dos caras. Si queda grasa en las esquinas, cambia el agua por otra limpia y caliente y repite el remojo en lugar de apretar más.
- Aclara con agua caliente abundante, sacude bien y déjalos secar de pie sobre un paño. Tienen que estar completamente secos antes de volver a colocarlos.

Ahora, lo que no hay que hacer. Nada de estropajo metálico ni de la cara verde del estropajo de cocina, que rayan y abren la malla. Nada de lejía, amoníaco ni limpiahornos en espray sobre el aluminio: son los responsables de esos filtros ennegrecidos que ya no vuelven a su color. Y con el aluminio, mejor remojos cortos que dejarlo toda la noche en el agua.
Ya que tienes la campana abierta, pasa un paño humedecido en agua con jabón por el interior de la carcasa, donde también se acumula una película de grasa. Escurre bien el paño y no rocíes nada directamente hacia el motor ni hacia la parte eléctrica.
¿Y el lavavajillas?
Muchos manuales lo permiten, y funciona bien si los filtros no están muy cargados. Colócalos de pie, solos o con poca vajilla para que la grasa no acabe en los platos, con un programa de temperatura alta.
El matiz está en el aluminio: con el detergente del lavavajillas tiende a perder brillo u oscurecerse con el tiempo. Los fabricantes suelen aclarar que eso no afecta al filtrado, pero si te importa el aspecto, lávalos a mano. Los de acero inoxidable, en cambio, salen del lavavajillas como nuevos.
Ya están limpios y la campana sigue sin aspirar
Si tu campana es de recirculación, el sospechoso número uno es el filtro de carbón. Cuando se satura, el aire pasa con dificultad y los olores se quedan en la cocina, por muy limpios que estén los metálicos. Ese no se arregla lavando: hay que cambiarlo, con la referencia exacta del modelo (suele venir en una pegatina detrás de los filtros).
Si la campana saca el aire al exterior, revisa la válvula antirretorno, esa pequeña compuerta que hay a la salida del motor o en el conducto. Con la grasa a veces se queda pegada y apenas se abre. También influye un tubo aplastado o con demasiados codos. Y si el motor hace un ruido raro o tarda en arrancar, eso ya es cosa de un técnico.
Merece la pena dejarla fina: una campana que aspira bien también saca el vapor de cocinar, uno de los culpables de los cristales empañados en invierno. Más trucos en la guía sobre cómo evitar que las ventanas se llenen de condensación.
¿Y si la campana es muy antigua y estás pensando en cambiarla? Fíjate en la etiqueta energética: además del consumo, clasifica la eficacia del filtrado de grasa con una letra, tal y como establece el Reglamento Delegado (UE) 65/2014. Y si el cambio va a coincidir con obra, aquí te explico lo que cuesta reformar la cocina entera para que no te pille de sorpresa.
El hábito que evita llegar tarde
Deja la campana encendida unos minutos después de apagar el fuego, para que termine de sacar el vapor y la grasa en suspensión. Y si cocinas mucho, ten un segundo juego de filtros: pones el limpio y lavas el sucio cuando te venga bien, sin usar la campana a medias mientras se secan.
Filtro limpio cada mes en una cocina normal, antes si fríes, y nunca más de tres meses sin mirarlo: es lo que más alarga la vida (y la fuerza) de tu campana.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar la campana sin filtros mientras se secan?
Mejor no. Sin el filtro metálico, la grasa va directa al motor y al conducto, que son mucho más difíciles de limpiar. Si tienes prisa, sécalos con un paño limpio y déjalos un rato al aire antes de colocarlos.
¿Los filtros de carbón activo se pueden lavar?
En la mayoría de las campanas, no: son de usar y cambiar. Solo los que el fabricante vende como regenerables admiten lavado (normalmente en el lavavajillas y después secado en el horno), y siempre siguiendo las instrucciones del manual.
¿Cuándo es mejor cambiar el filtro metálico que limpiarlo?
Cuando la malla está doblada o rota, cuando el aluminio tiene picaduras o agujeros, o cuando después de dos o tres remojos sigue sin pasar la luz a través. Los recambios se buscan por la referencia del modelo de campana.
¿Sirve el truco de hervir el filtro en una olla con bicarbonato?
Con filtros de acero inoxidable que quepan en la olla, sí. Con el aluminio prefiero el remojo en agua caliente del grifo: hervirlo tiende a oscurecerlo. Y cuidado al sacarlo, que quema.


