Caldera de gas o bomba de calor: cuál compensa de verdad en tu casa
Caldera de gas o bomba de calor: precio de instalación, factura mensual, obras necesarias y normativa. Comparativa honesta y casos concretos para decidir.

Respuesta rápida, sin rodeos
Llevo años recibiendo esta pregunta y casi siempre viene con la caldera medio muerta y una urgencia de dos semanas. Así que voy a lo importante.
La bomba de calor te interesa si se cumplen tres cosas a la vez: la vivienda no es un colador (ventanas decentes, algo de aislamiento), los emisores pueden trabajar a temperatura baja (suelo radiante, fancoils o radiadores grandes) y no vives donde el invierno se pone realmente feo. En esas condiciones el consumo baja de forma clara y además te llevas la refrigeración de regalo.
La caldera de condensación te interesa si tienes que resolver ya, con poco dinero, en un piso antiguo con radiadores pequeños que piden agua muy caliente. Es una decisión legítima, pero conviene tomarla sabiendo lo que es: barata hoy, cara a largo plazo.
Por qué una consume menos que la otra (esto explica el resto)
Una caldera quema gas y convierte esa energía en calor. Nunca te dará más energía de la que quema: las de condensación se acercan mucho al máximo teórico aprovechando el vapor de los humos, y ahí se acaba la historia.
Una bomba de calor no fabrica calor, lo mueve. Coge el que ya hay en el aire de fuera (sí, también en invierno) y lo mete dentro usando electricidad solo para el transporte. Por eso, por cada kWh eléctrico que consume, puede entregar varios kWh de calor: en condiciones favorables se manejan factores en torno a 3 o 4. No es magia ni marketing, es un ciclo termodinámico, el mismo de tu nevera pero al revés.

La consecuencia práctica: aunque el kWh eléctrico cueste bastante más que el de gas, la bomba necesita muchos menos kWh para el mismo calor. Ahí está casi toda la diferencia de factura, y también su talón de Aquiles: ese factor no es fijo, cae cuando hace mucho frío fuera y cuando le pides agua muy caliente. El detalle fino lo desmenuzo en las ventajas y desventajas reales de la aerotermia, con opiniones de quien ya convive con ella.
Lo que cuesta poner cada una
Aquí la caldera gana por goleada. Cambiar una caldera de gas por otra de condensación es una mañana de trabajo y suele moverse entre los 1.500 y los 2.500 euros instalada, según potencia, marca y si hay que tocar la salida de humos.
Una bomba de calor aire-agua para toda la vivienda juega en otra liga: un rango amplio, más o menos de 8.000 a 15.000 euros, que puede subir si hay que cambiar radiadores, reforzar la instalación eléctrica o pelear con la comunidad por el sitio de la unidad exterior. Es tan ancho porque cada casa es un mundo, y por eso conviene pedir presupuestos con visita presencial: quien te da un precio por teléfono, sin ver la casa, o vende humo o te amplía la factura a mitad de obra.
Dos matices que cambian bastante la cuenta:
- Las ayudas públicas solo miran a un lado. Los programas de rehabilitación energética subvencionan la bomba de calor y ya no premian el combustible fósil. Repaso los importes y los requisitos en las ayudas a la rehabilitación energética que siguen vivas en 2026.
- Si aprovechas para hacer otras cosas (ventanas, fachada), la bomba de calor que necesitas es más pequeña, y la instalación baja de precio.
La factura de cada mes
Aquí se da la vuelta a la tortilla, aunque con menos drama del que promete la publicidad. Con gas pagas el término fijo más lo que quemas. Con bomba de calor pagas electricidad, más cara por kWh, pero necesitas bastantes menos kWh.
En una vivienda razonablemente aislada, el resultado habitual es un ahorro apreciable en calefacción, y encima te quitas el fijo del gas si la cocina y el agua caliente también pasan a eléctrico. En una vivienda mal aislada, con radiadores pequeños que obligan a la bomba a trabajar forzada, ese ahorro se estrecha y a veces casi desaparece. Esta es la parte que los comerciales olvidan mencionar.
Y si tienes autoconsumo, o te lo planteas, el cálculo cambia entero: buena parte de ese consumo eléctrico deja de comprarse a la red.
Tu casa decide más que el catálogo
Voy a insistir en esto porque es el error que más caro sale: la gente elige el aparato y luego mira la casa. Es al revés.
Mira tus emisores. ¿Suelo radiante? Enhorabuena, es el escenario perfecto: la bomba trabaja a temperatura baja y con un rendimiento estupendo. ¿Radiadores de aluminio modernos y bien dimensionados? Suele funcionar. ¿Radiadores de hierro fundido antiguos y justos de tamaño, de los que piden agua a 70 u 80 grados? Ahí la bomba sufre, consume mucho más de lo prometido y el cliente acaba decepcionado.
Mira el aislamiento. Una casa que pierde calor por todas partes necesita un equipo grande y trabajando al límite, justo donde la bomba de calor es menos eficiente. A veces el dinero rinde muchísimo más gastado antes en la envolvente: cuánto cuesta aislar la fachada y si sale a cuenta es una lectura que recomiendo hacer antes de firmar nada, no después.

Y mira el clima. En la costa mediterránea o en el sur, la bomba va sobrada casi todo el invierno. En el interior norte, con heladas frecuentes, sigue funcionando (los equipos actuales trabajan muy por debajo de cero) pero rinde menos justo los días de más demanda. No la descarta: obliga a dimensionar con cabeza.
La normativa: el gas tiene los días contados, pero no mañana
La directiva europea de eficiencia energética de los edificios, revisada en 2024, ya deja fuera de las ayudas públicas a las calderas de combustible fósil y apunta a su retirada progresiva del parque de viviendas en el horizonte de 2040. Puedes leer el marco energético en la web del IDAE, y las condiciones técnicas de las instalaciones térmicas en el Ministerio para la Transición Ecológica.
Traducido a tu salón: nadie va a arrancarte la caldera. Pero si instalas una hoy, la próxima seguramente ya no será de gas, y dentro de unos años una vivienda con caldera fósil se venderá algo peor que una equivalente electrificada. Es valor del inmueble, no solo confort.
Entonces, ¿cuál elijo? Cuatro casos reales
Los que veo una y otra vez:
- Piso de los 70, radiadores de hierro, caldera reventada en diciembre: caldera de condensación, sin complejos. Y planifica el aislamiento para poder electrificar más adelante.
- Chalet con suelo radiante y buena envolvente: bomba de calor, sin dudarlo. Es su escenario ideal.
- Piso reformado hace poco, ventanas nuevas, radiadores decentes, sin aire acondicionado: bomba de calor, porque resuelves calefacción y refrigeración con un solo equipo y una sola factura.
- Vivienda en el interior norte, mal aislada, presupuesto ajustado: caldera ahora, envolvente después, bomba de calor cuando la casa esté preparada. Sin prisa y sin culpa.
Sea cual sea tu caso, pide tres presupuestos por escrito, con la potencia calculada y los emisores revisados uno a uno. Un buen instalador te preguntará por tus ventanas y tus radiadores antes de nombrarte una marca. El que empieza por la marca, ya sabes.
Preguntas frecuentes
¿Puedo poner una bomba de calor con mis radiadores de toda la vida?
A veces sí, pero depende del tamaño. Los radiadores viejos piden agua muy caliente; si la bomba tiene que dárselas a 70 grados, su rendimiento se hunde y el ahorro se evapora. Un instalador serio hará el cálculo radiador por radiador. Si te dice que sí a todo sin mirar, desconfía.
¿Funciona la bomba de calor cuando hiela?
Sí. Los equipos actuales siguen dando calor bastante por debajo de cero. Lo que ocurre es que su eficiencia baja precisamente los días más fríos, que son los de mayor demanda, y entran en ciclos de desescarche. No es un problema si el equipo está bien dimensionado para tu zona.
¿Merece la pena cambiar si mi caldera todavía funciona?
Si tiene menos de diez años y va fina, yo esperaría, salvo que quieras la refrigeración o vayas a hacer una reforma integral. En ese caso, aprovechar la obra para electrificar sale mucho más barato que hacerlo suelto dentro de cinco años.


